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Cultura y Espectaculos

Marcelo Acquaticci: “Agradezco a la vida que me haya guiado hacia esta profesión”

Acquaticci perfeccionó su arte por el transformismo y creó el personaje conocido como “Payuca del Pueblo”. (MARCELO ACQUATICCI) Acquaticci perfeccionó su arte por el transformismo y creó el personaje conocido como “Payuca del Pueblo”. (MARCELO ACQUATICCI)

Recientemente recibido de actor, “Payuca del Pueblo” –su nombre artístico- es pergaminense y desde hace 15 años desarrolla una carrera en Capital Federal con participaciones en varios espectáculos. Este año fue parte de una representación en memoria de Juan Carlos Puppo. Actualmente trabaja con Pepe Cibrián en un musical.


Nacido y criado en el barrio Ameghino, Marcelo Acquaticci nos cuenta el inicio de su carrera como actor en la Escuela Municipal de Bellas Artes, sus duros comienzos en la Ciudad de Buenos Aires y adelantó que en 2018 formará parte del nuevo proyecto de Pepe Cibrián Campoy.

-¿Cómo y por qué te volcaste a la actuación y cómo fueron tus comienzos en Pergamino?

-Realmente se dio de un modo inesperado. Cuando tenía 9 años comencé un arduo entrenamiento de actividades circenses en el Parque Municipal con un maestro de Circo; realizaba todo tipo de acrobacias, de piso, cama elástica, etcétera. Eso fue durante dos años, hasta que un día me golpeé la cabeza y dejé de hacerlo. A los 13 años leyendo, el Diario con mis papás, vimos un anuncio de clases de teatro en la Escuela Municipal de Bellas Artes, con Ricardo Padilla, y ahí fue que decidí comenzar, (algo que en realidad fui gestando toda mi infancia, solía ser el centro de atención de cuanta reunión familiar aparecía). Después seguí con Juan Carlos Carusso y por último, Arturo Ratcliffe, con quien nos presentamos en los Torneos Juveniles Bonaerenses, ganando la etapa local y pasamos al regional. Cada vez iba siendo más consciente de haber encontrado mi vocación. Paralelamente estaba finalizando mis estudios secundarios en el Colegio Comercial de Pergamino.

-Radicado en la Capital Federal, ¿cuáles fueron tus primeros pasos para abrirte camino en esta actividad?

-Terminé de cursar en diciembre el colegio secundario y el 13 de enero ya estaba viviendo en Capital en una pensión en el micro centro con dos amigos de Pergamino. Empezamos a tomar clases de teatro en la Asociación Argentina de Actores con Ana María Esterkin, quien casi nos adoptó, ya que nos apoyaba en todo, incluso hasta alimento nos dio, hasta que comenzamos a trabajar en un local de comidas rápidas en Avellaneda.

En febrero comencé a audicionar en los exámenes de ingreso para la Escuela de Arte Dramático durante todo el mes. Eramos 300 y solo quedaban 20 en el turno mañana y 20 en la noche. No podría explicar la emoción al finalizar los exámenes y saber que formaba parte. Todavía recuerdo llamar por teléfono desde un locutorio a mi mamá para contarle la noticia. Blanca y Jorge, mis padres, son mis grandes pilares que me apoyan y aman en cada una de las etapas de mi vida por las que fui transitando, aunque haya una distancia que nos separe. Siempre están.

Y así fue que comencé la carrera de 4 años y obtuve el título de actor de la Ciudad de Buenos Aires.

-¿En algún momento dudaste en desviarte del camino de actor?

-¡No! Es que realmente es un “no” convencido, al margen de haber pasado etapas muy duras en los comienzos, no voy a mentirte. La convivencia, en una pensión y Capital que es un caos hasta que te adaptás, trabajar en un lugar en que te lavan el cerebro con información, comer poco, no poder viajar seguido aunque extrañes horrores. La carrera fue difícil; a diferencia de una carrera convencional, en ésta, además de utilizar la parte de lectura y estudio, se trabaja con las materias más importantes que son actoral, vocal y corporal; son tus sentimientos los que se ponen en juego y sobre lo que te juzgan. También vendía shampoo en la calle, entré a trabajar en una pseudo secta de la venta callejera, cada reunión al comienzo del día era con un canto motivacional para salir convencido de vender el producto. ¡Terrible!, hoy me río. Después estuve animando fiestas infantiles en una empresa, entre tantas otras cosas. 

Me llegué a mudar unas 15 veces en los primeros años. Conviví hasta con cinco amigos, en casas, departamentos, pensiones, hoteles, hasta en un quincho que adapté en hogar; en Capital y provincia, siempre en búsqueda de estar bien y ser feliz, pero a pesar de todo jamás dudé de lo que había elegido.

-¿Cuáles fueron tus logros más importantes en estos 15 años en Buenos Aires?

-El primero fue haber ingresado a la carrera de Formación Actoral y haber podido transitar una experiencia tan importante para lo que fue una sólida base como actor. Luego fue haber ingresado por casting a una compañía de teatro independiente (Cía. Patrika) conformada por 30 actores y de mucha afluencia de público cuando era muy común  trabajar en espectáculos “a la gorra”, donde cada espectador aportaba lo que quería o podía. Era un teatro “under” es decir no comercial. Ahí aprendí y fui parte de varios roles, estuve cuatro años, en varios espectáculos. Auto gestionábamos el orden y control de todo, desde maquillajes, vestuarios, utilería y escenografía, asistencia de dirección, prensa y difusión, roles secundarios y protagónicos. En una temporada hacíamos tres espectáculos por fin de semana y cada uno con más de 200 vestuarios, una gran producción y sin un productor, más que todo el equipo y a pulmón. ¡Aprendí tanto!

Después empecé a trabajar en lo que hoy son una de las más conocidas fiestas de la noche porteña, “Fiestas Plop”. Son fiestas temáticas que se realizan en un boliche, apuntadas a un público juvenil todos los fines de semana. Fusionan, a través de un equipo creativo, las artes teatrales, audiovisuales y de indumentaria, recreando la temática semanal que va desde zombies, superhéroes hasta infantiles, y la música que es la gran protagonista, a través de performance en vivo durante toda la noche. Es acá donde comencé a perfeccionar mi arte por el transformismo, creando mi personaje conocido como “Payuca del Pueblo” (significa persona de campo que en la ciudad se maneja con torpeza y timidez). El nombre lo elegí porque es una esencia que siempre tuve en mí desde los comienzos, cuando llegué. Me dio grandes satisfacciones, realicé varios videoclips, algunas canciones, obras de teatro. Hoy prácticamente lo incorporé a mí como mi nombre artístico, ya que creo abarca un género muy amplio y diverso.

Estuve en la famosa calle Corrientes, en el teatro de Nito Artaza, realizando una obra teatral de Casper Espósito. También trabajé en el Teatro Maipo en “El Show de Mariquena del Prado”, con quien estuve haciendo temporada de verano en Mar del Plata, y junto a Pablo Rey fuimos nominados a los Premios Estrella de Mar. A comienzos de este año tuve una participación en el programa de TV  “Quiero vivir a tu lado” (Pol-ka) junto a Gabriela Toscano y Lizy Tagliani, quien también participó en las fiestas en las que trabajo, como así también Flor de la V, Moria, Karina K, entre otros. Y este año trabajé en el nuevo musical de Pepe Cibrián Campoy junto a Adabel Guerrero. Fue una gran experiencia poder aprender tanto de un gran maestro como él. Generoso con lo que sabe y te puede ayudar para que crezcas, te lo que brinda sin ningún tipo de límites.

-¿En qué consistió el espectáculo en memoria de Juan Carlos Puppo?

-Nicolás Pérez Costa, autor y director de “8433 Oscar Wilde” era amigo de Juan, yo no llegué a tener una amistad, pero nos teníamos un gran cariño. El le había encargado a Nicolás que escriba una obra sobre el famoso escritor, poeta y dramaturgo irlandés pero no una biografía, la cual quería protagonizar. Comenzó con algunas páginas que se centraban en la noche en que Oscar Wilde, junto a su familia y amigos, espera la sentencia que lo llevaría a juicio por sodomía. Nunca llegó a terminar de escribirlo, sumado a la partida del querido Juan. Casi un año después decide terminar de escribirla y protagonizarla, y me convoca para ser parte de esta obra musical, donde en el final de cada función durante seis meses al finalizar le dedicaba: “Esta obra es en honor al gran Juan Carlos Puppo”. El sentía que Juan estaba merodeando y siendo parte de cada función, era una pieza muy sensible y cargada por una historia muy particular lo que le brindaba una magia especial cada noche.

-¿Qué proyectos tenés para lo que resta del año?

-Por el momento estoy ensayando el nuevo proyecto de la mano de Pepe Cibrián Campoy otra vez, para estrenar a comienzos del próximo año. Hay varias cositas más pero nada concreto aún. Sí te puedo decir que tengo ganas de hacer teatro comercial y participar de alguna ficción en la tele, es que te da de algún modo cierto reconocimiento popular, lo cual te lleva a recibir una variedad de propuestas donde poder elegir la más adecuada.

Agradezco a la vida que me haya guiado hacia esta profesión que amo y tantas alegrías me da. Se siente tan vivo actuar, y más aun cuando recibís un gesto o apoyo de aliento, porque te vieron en cual o tal lugar. Recargás ganas y fuerzas para seguir construyendo de a poco, porque soy consciente de que estoy yendo escalón por escalón y sé que por algo es. Bajé mi ansiedad hace un tiempo y pude focalizarla en seguir creando y creciendo. Nunca se termina, siempre hay algo nuevo que aprender. Y cuento con grandes amigos además de mi familia en Pergamino, a quienes adopté como mi nueva familia que son mi sostén, en esta famosa jungla de cemento en la cual hoy transito con más afinidad. 

Gracias también por haberme brindado un espacio para poder contar mi humilde historia y crear conciencia de que todo se puede, aunque la frase sea un cliché, solo es cuestión de saber qué es lo que se quiere, desearlo, confiar y trabajar por ello. Muchas veces suele haber muros, lo importante es poder descubrir dónde está la ventana.